Roma en el mundo antiguo.

Nos despedíamos, el curso pasado, no sin nostalgia, de los antiguos griegos, donde estábamos siguiendo la llamada del alegre Dionysos, en un bosquecillo junto a la Acrópolis ateniense y al teatro dedicado al dios extraño y poderoso, dispuestos, politeias y politeios, a pasar el verano cantando y bailando, al son de la cítara que tañía el dios y siguiendo su alegre compás.

El verano pasó y aquí nos encontramos, pero, ay de nosotros, con un panorama muy diferente. Sin embargo, nuestra Junta Asesora juntamente con nuestro Patronato y profesores pensamos que de los antepasados no se reniega y si hemos sido griegos, con más razón nos podemos considerar romanos. Y todos, con nuestra mejor voluntad, nos pusimos a elaborar el adjunto Programa.

Roma nos dejó marcados para siempre (más que los fenicios, los galos, los francos los godos, los árabes y demás) con su vehículo de expresión, la lengua latina, y el vehículo de expresión nunca es inocente del pensamiento y la mentalidad expresada.

Para empezar, la lengua de la primitiva Roma sólo era un dialecto muy local que ni siquiera cubría todo el Lazio y mucho menos Italia entera, pero con una capacidad expansiva jamás antes conocida, expansiva e integradora tendiendo siempre a la unidad, a formar unidades siempre superiores.

Sus límites fueron todo al mundo conocido y donde llegó el latín llegó la Civilización Occidental con todo lo que lleva consigo En los "años oscuros" medievales se encargaron de ello iglesias y monasterios; en otros momentos históricos fueron otros los portadores de la renovación del clasicismo: El humanismo renacentista en el siglo XVI, la Ilustración en el XVIII, y ahora mismo, en estos momentos más bien oscuros, siempre hay grupos de empedernidos estudiosos portadores del valioso legado.

¿Cómo empezó Roma, cuando ya Grecia estaba en pleno período helenístico? A mediados del siglo octavo antes de Cristo ( -753 a. C.), se considera tradicionalmente la fecha de la fundación de Roma, y la arqueología ha confirmado la existencia de unas humildes chozas en las laderas del Monte Palatino y otros famosos nombres de la que sería conocida con el nombre de "Ciudad de las Siete Colinas".

Ilustra el cuadro de esa primitiva Roma la visión del río Tiber junto al lugar donde se encontraba la isla Tiberina, con la consiguiente posibilidad de hacer un puente de tablas movedizas, de utilidad máxima para el mercado del pueblo y considerada de autoridad sacra la persona encargada de su custodia con el nombre de pontifex.
Sea verdad o leyenda, el gran historiador italiano Bianchi Bandinelli relata este hecho, sin duda porque muestra el espíritu activo y emprendedor de los romanos primitivos y actuando por sí mismos, para vencer a sus vecinos y enemigos naturales, el pueblo etrusco, de civilización mucho más avanzada que la suya, si pretendían alcanzar la hegemonía en Italia, primer paso para la hegemonía mundial.

Otro dato nos proporciona esta anécdota sobre el carácter romano es que la palabra pontifex, "constructor de puentes", estaba cargada de fórmulas mágicas para sojuzgar al río y Pontifex Máximus sería el apelativo del Collegium pontificum y de los propios monarcas romanos primitivos.

El momento culminante de los cinco siglos del poderío de Roma fue sin duda el reinado de Augusto, un siglo de paz continuada por sus sucesores hasta Diocleciano. Augusto no quiso prescindir de la colaboración del Senado por no herir a los antiguos republicanos, pero en realidad su gobierno fue fuerte y centralizado, el que mandaba era Octavio, sus títulos princeps (Principado, porque alude a la colaboración del Senado), imperator (a perpetuidad), y augusto (divino).

Grandes colaboradores de su obra fueron Vispasianus Agrippa, general amigo de infancia de Octavio (recuérdese el Panteón de Agrippa en Roma) y Clinius Maecenas, caballero romano de noble familia etrusca, que tuvo en sus manos el gobierno de Roma durante la ausencia de Octavio.

Por fin, todos los esfuerzos del emperador le parecían pocos para reponer el antiguo Derecho familiar romano que diera energía y vitalidad a la romanidad. En el Derecho Romano, el logro más importante de la Historia de la Jurisprudencia, veía Augusto la fuerza vital de la antigua República que elevó e iluminó el mundo de su tiempo.

No seguimos. Tenemos el curso por delante y nuestros admirados profesores nos darán cumplida cuenta de la valiosa herencia que estamos ávidos de recibir.

 

Imagen: escena de caza. Pavimento de mosaico romano. Museo del Bardo de Túnez- Siglo II d.C. (GiorcesBardo67.jpg. Wikimedia Commons)

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